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Cuba nito



Joined: 04 May 2016
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PostPosted: Wed May 04, 2016 7:31 pm    Post subject: una linda locura muy tierna Reply with quote

Llegué un alba a casa. Dispuesto a dar combate. En esta ocasión no tomé la píldora del vigor que hace que se le pare con dureza y firmeza la verga que uno tiene para darle placer a la mujer que quiere uno te haga todo.

Al ser un hombre abstraído y conciente de que a la mujer los hombres solo se la cogen y no la poseen, opte por toda mi vida ser el que perpetuamente da placer, lograr que ellas sean las del orgasmo primero y luego esperar que ellas tomen su edad y me den lo que a mi me gusta, el placer verbal y la eyaculación en su boca o en sus pechos o en su rasgos.

Desde hace 10 años que soy amputado. He sido abochornado, censurar, y inclusive dejado. Pero es esa ocasión llegué listo a complacer y ser complacido.

Prepare la habitación con velas aromáticas, armonía suave, romántica, las luces a medio tono, las sábanas de color, una damajuana de champaña, una buena ducha, y listo para el encuentro.

Ella llegó arreglada, con su prenda interior traslúcido. Nos miramos cada uno. Mi mirada iba más allá de lo que veía, con ella la desnudaba totalmente. Me acerqué a ella y empezó a jugar con su filamento, empecé a oler su rica piel. Me acerqué a sus oídos a su alzacuello, y empecé a besarla profundamente.

Su facciones se giró hacia mí y me plantó un mimo en la boca, a modo una ejemplar de afecto y de aquiescencia y de gratitud, porque empezaba a sentirse mujer.

Le colgante que se recostará y con mis manos empecé a masajear su cuerpo. Unté en ella una crema diferente para que su piel se sintiera más sutil, y más perfumado para sentir mi cuerpo.

Fui recorriendo su espalda. Hasta el hoyo de su precioso culito que cuando entro mi dedo, gimió y no dijo más.

Empecé a masajear sus cachas, un poco resecas, por los que unté más masaje para sentirlas parte de su todo. Fui extremidad por zanca, jamón por extremidad, hasta llegar a los gordo, y empecé a lamerlos uno por uno.

Le pedí que se volteara boca arriba. Empecé a besarla en la frente, en toda su cara y por supuesto en sus labios ardientes que pedían más y más.

Me dirigí hacia su alzacuello y la besé tantas veces que ella mismo me dirigió hacia sus pechos. Sus pezones estaban a punto de reventar y uno por uno empecé a aspirar. Gemía al sentir lo picoso de mi sotabarba, una perilla que me dejó crecer por uno o dos días para este carácter de ocasión.

Al años mis manos se dirigen hacia el clítoris y mis dedos masajean esa parte tan sensual, tan delicada, tan hermosa de la mujer. Mis labios recorren todo su busto, sus senos, su pecho inclusive bajar, pasando por el corazón al cual también le toca lo suyo.

Después llegue al clítoris, el cual están esperándome. Mi lengua aceptó la invitación. Mientras que mis dos corazón pulgares sienten lo aguado de su vagina. Lamía desde el clítoris hasta la entrada de su vagina la cual ahora escurría de placer.

Empecé a chupar y ella pedía más y más y más y más. Sentí que temblaba y noté que empezaba a tener su primer orgasmo.

Así que aproveché y seguí lamiendo empecé a meter corazón por corazón inclusive tener cuatro de ellos frotando su interior. Empecé a besuquear los lados de los labios de su vagina. Y ella pedía más, más, más, y más inclusive que reventó con el primer convulsión.

Se quedó semiparalizada, me pidió que esperara un momento y luego se dirigió a mi boca y empezó a besarme ardorosamente compartiéndole sus jugos que con placer me tome de su interior.

Le pedí que se acomodara en cuatro y mi extremo pulgar entró en tu ano y mis cuatro gordo en su matriz y me pidió que externamente lento pero preciso ahora que por el daño necesitaba más grasa. Mi lengua entró en acción y puse nuevamente la colonia en mi pulgar para dilatar tu culito hermoso.

Mi otra mano le dio un masaje por la espalda y empecé a ordeñar sus senos, exprimiéndolos…
Hasta que empezó a gimotear y sintió de nuevo un auxiliar orgasmo.

La recuesto de espalda y mi lengua empieza a rozar su matriz y a tomar de sus ricos jugos, esperando que ella me dijera dame tu deliciosa verga. Pero no hace nada. La coloco para un 69 y continuó lamiendo todos los labios de su vagina, su culo, y ella sólo llega a achuchar la punta de mi verga, pero al no tener erección no siente ganas de estimularla.

Me pregunté por que, nunca lo sabré. Escaso incautación ella toma mi cabeza y dirige rítmicamente el movimiento para succionar su matriz y de nuevo llegó a su tercer clímax.

Una vez que quedó satisfecha le pedí con afabilidad que me hiciera sentir oralmente y que se tomara la cuajada acumulada por mucho espacio. Su sentencia fue que solo se dirigió a mi verga y simplemente le dio un mimo. Y me quedé así falto poder venirme en su boca, ni en sus pechos ni en su cara.

La próxima vez tomaré Viagra y esperare quien me ordeñe mi caseína.

Mi nombre es Jesús, tengo treinta y nueve años y mi mujer se llama Yolanda y tiene 36. Lo que voy a exponer a continuación ocurrió efectivamente y fue una experiencia extremadamente apasionante.

Yolanda y yo llevamos casados diez años; nuestra relación es fantástica en todos los aspectos, aun a veces tengo que aceptar que me gustaría de ella "algo más" en lo referente a experiencias sexuales; quiero decir, desearía que ella fuera más traviesa, más creativa y, por que no decirlo, más audaz.

No quiero decir con esto que ella no sea ardiente en el tiempo que hacemos el adoración, lo que ocurre es que a veces tengo fantasías que me gustaría realizar con ella y que en el tiempo que se las he propuesto, he obtenido de ella una réplica negación. Podría decir que más que conservadora en el tema carnal, es vergonzosa, poco atrevida, pudiendo afirmar que el problema es que necesita alojarse muy excitada para llevar a cabo ciertos juegos o experiencias que a mí me encantaría realizar.

Con mucho trabajo e insistencia, la he ido convenciendo para que hiciésemos ciertas cositas que, en un principio, parecían imposibles, llegando al punto de conseguirlo, aunque admito que con deliberada cachaza por su parte.

Donde más se desinhibe mi mujer es mientras las descanso, sobre todo en lugares en que nos imaginamos que no nos conoce nadie; en esos sitios es adonde la pongo a prueba y donde intento llevar a cabo las fantasías que tengo en mente.

Hace tres años nos coincidió una época de mucho trabajo; fueron unos meses en que los horarios y la exaltación del mismo nos sumió en una situación intensa de ansiedad y stress, de tal suerte que sólo lo hacíamos una vez a la semana, y por si fuera exiguo, desprovisto ilusión alguna y exento adicionar ningún aliciente extra a la relación.

En aquel entonces, para evadirnos un corto, le propuse a mi mujer un excursión de fin de hebdómada, de esos que tienen su salida el jueves y su regreso el descanso; nos fue posible en nuestros respectivos trabajos quedar libres el jueves por la mañana y, a modo residimos en Madrid, pudimos coger el aeronave para Las Palmas de Gran Canaria a las seis de la tarde.

Era el mes de mayo; hacía un tiempo admirable en Madrid y mucho mejor en Las Palmas. Nos cogimos un alojamiento excelente, con todo tipo de comodidades y muy bien situado en la zona turística del sud de la isla, cercano a la costa y a la zona de copas.

En la recepción del albergue, mientras realizábamos la inscripción, eché un vistazo a un periódico local; dentro de las páginas de relajación pude comprobar la existencia de un local en donde se ofertaba un espectáculo voluptuoso; me lo subí a la habitación y mientras mi mujer colocaba la traje en el ropero, le leí en dicción alta el anuncio.

A mi me encanta el exhibicionismo y además soy un poco voyeur, así que el lugar era en principio el más capaz para romper la homogeneidad que se había manager de nosotros en los últimos meses; por otra parte, mi mujer invariablemente me había dicho que le encantaría ver hacer el apego en directo a otra par, situación con la que inclusive nos habíamos furioso mientras lo hacíamos nosotros mismos, imaginando ser espectadores de una relación sensual y siendo los protagonistas alguna doble amiga o camarada.

Así pues, se lo propuse directamente:

- "Quiero ir contigo esta noche a este espectáculo porno", le joya.

- "Estás loco, no iría a un cubículo de esos por ausencia del mundo", me contestó.

Mal iniciamos, pensé. Pero insistí:

- "¿Qué pasa, temes que nos conozca alguno? ¿No te hace ilusión hacer realidad una de nuestras fantasías, ver follar en directo a otra pareja?".

No me contestó, pero me dijo que seguramente en aquel lugar habría solo hombres, que se sentiría demasiado a enojo y desplazada y que seguramente no se cumplirían sus expectativas, es decir, que una cosa es imaginarse la situación, adonde ella podía controlar sus instintos en la familiaridad, y otra mucho distinta consiste en ser declarante directo, donde pueden pasar cosas desagradables, como ajustarse con alguno conocido o ser la única mujer presente y verse en la obligación de tener que abandonar el local.

Colocamos nuestros efectos personales en los armarios y en el aseo, nos duchamos y nos dirigimos al restaurante para cenar; bien pudimos hacer el apego precedentemente de ello, pero lo evité por todos los medios; quería que la continencia -llevábamos una semana desprovisto relaciones-, sirviera tanto el mejor de los afrodisíacos para la primera tinieblas que se nos presentaba en nuestras cortas holganza.

No joya antiguamente que Yolanda es una mujer bonita: 1,68 metros de altura, a veces incrementada por sus tacones, carita guapa, buena figura, crin largo de color bronceado, pechos de dimensión corriente y un culito de unas formas preciosas.

Para la colación se vistió estupenda: un traje de color azulete calaíta, formado por una falda a medio jamón, una pequeña americana y una camisola clara con botones; sutilmente pintada estaba estupenda. La belleza de su cuerpo se veía aumentada por las medias claras que se había puesto, del mismo color que la camisola, y por sus zapatos de talón, que hacían juego con el ropaje.

Antes de salir de la habitación, nos besamos levemente; no me dejó besarla en la boca para no estropear el maquillaje de los labios, pero solo con el estrujón y sentir el olor de su fragancia, me fue suficiente para experimentar una leve erección; la anochecer se presentaba ideal.

Fue entonces en el tiempo que se me pasó por la cabeza una idea maravillosa, que me excita muchísimo y que a veces le he pedido a mi mujer: consistía en que cuando bajásemos a cenar el taberna, lo hiciese ella sin indumentaria interior; es decir, que fuese a cenar escaso slip; ella se había afeitar las piernas y las tenía mas suaves que la cara del mármol y, aunque no había afeitado la conjunto de la vulva, se había dejado su bozo íntimo excesivo cortito, reduciéndose casi su extensión a la zona del pubis.

Me fue inapelable pensar en la situación en la que Sharon Stone en "Instinto básico", mostró al grupo de policías que la interrogaban -y al mundo entero-, sus encantos de una forma corto. Tampoco lo conseguí a la primera; tuve que importunar varías veces y aproximadamente enfadarme, argumentando que uno de los objetivos de nuestro viaje era precisamente dejar de lado la insistencia que en lo sensual nos había invadido primitivamente.

Al conclusión aceptó; se despojó de las medias delante de mí y pude confirmar que el color de la piel de sus muslos, todavía falto broncear, era mucho más natural y bello que el color de sus medias; a continuación, de espaldas a mí, se subió la falda y pude ver sus slip blancas que ocultaban sus preciosas posaderas. Introdujo sus manos a través de la tela de las braguitas y su piel y tiró de ellas hacia debajo. Mientras descendía la pieza por sus muslos, pude ver su culo, lo que me produjo otra leve erección que me hizo pensar en la posibilidad de no ir ni a comer ni a ver el espectáculo porno que teníamos presentido. Pero me aguanté y supe esperar.

Fuimos al mesón y nos sentamos los dos solos en una pequeña mesa redonda; lejos nos sirvieron con mucho estilo y cenamos estupendamente, regando los postres con una pequeña ampolla de champagne a la que dimos fin desprovisto ponerle mucho empeño. No me fue posible quitarme de la mente ni un solo momento el hecho de que mi mujer estuviera sentada con falda y sin biquini; ella bien se preocupó de cerrar bien sus piernas, inclusive llegando a cruzarlas de vez en en el momento que, evitando así la mirada directa de alguno curioso que se apercibiera de igual situación, cosa que a mí tampoco me hubiera comprar, teniendo en cuenta que ninguna persona nos conocía en aquel lugar.

En el momento que finalizamos la cena, regresamos a nuestra habitación, para asearnos un carente y para que ella retocara su maquillaje; en aquel lugar le propuse de nuevo a mi mujer que asistiese al espectáculo porno falto sus bragas, pero está vez no lo conseguí; aun no se cambió de traje, se puso sus braguitas blancas de borra y las medias que primitivamente se había quitado.

Hicimos un corto de años inclusive la ocasión de bosquejo del espectáculo porno, ordenando cosas, leyendo los prospectos del alojamiento adonde, por cierto, se ofertaban toda clase de masajes relajantes y sensitivos, y probando la televisión, alcanzando a ver varios canales de películas X. Dios mío, el sexualidad estaba presente en este hostal por todas partes.


- "Estoy intrigada por lo del espectáculo", me dijo mi mujer mientras se pintaba los labios.

Mientras decía esto, estaba de pie frente al espejo del lavabo; me acerqué por posterior y le puse mis manos sobre sus pechos; noté que el sostén era lo bastante bajo a modo para dejar al descubierto la mitad de sus pechos; volví a tener una erección. Me dejó subirle la falda y observé con detalle que sus biquini eran finas y pequeñas y moldeaban su culo a la esplendor. Me encantó la visión de su culo, la perfección de sus formas; pero para evitar videos porno calentones innecesarios en ese momento, me aparté de ella, mas esas fugaces caricias en el lavabo fueron lo suficiente para ponerme a cien para el resto de la oscuridad.

Pedimos un taxi en recepción que nos acercó al local en cuestión. Cuando entramos no había mucha gente en su interior, pero lo que si había era comparación: todo eran parejas; con nosotros, unas seis en total. Tengo que admitir que en principio el lugar no me gustó; el sitio no era elegante, las luces y la decoración eran mas propias de un casino de alterne que de un ambiente mínimamente videos gratiselegido, en que su suponía que asistirían parejas un pelín exigentes.

Pero en el momento que descendió la intensidad de luz y el espectáculo iba a iniciar, todo ello quedó en un segundo plano, y nos dispusimos a disfrutar de lo que allí se nos iba a ofrecer, fuese de la calidad que fuese; además, si ello se hacía insoportablemente obsceno, siempre quedaba la opción de abandonar el local y que ello quedara en una anécdota más de nuestras breves vacaciones.

Inmersos en una luz tenue, un hombre hizo la presentación de una mujer; ella apareció luciendo un ligero vestido transparente que dejaba ver perfectamente su ropa interior, que consistía en un brevísimo sujetador y unas braguitas tipo tanga, todo ello de color blanco que brillaba intensamente bajo el influjo de una luz ultravioleta.

La chica comenzó su striptease paulatinamente; nos descubrió sus pechos, que se me antojaron perfectos y, al ritmo de la música y de espaldas, se fue bajando lentamente xxx su tanga inclusive dejar su culo completamente al aire. Todos aplaudimos y ella, en devolución, se dio la vuelta y nos dejó ver su pubis desnudo, cerrado de un triangulo muy poblado de bozo oscuro.

Se apagaron todas las luces mientras un momento y, en el momento que se hizo la luz de nuevo, la chica actualmente había desaparecido. Todos volvimos a animar.

- "¿Qué te ha parecido?", pregunté a mi mujer.

- "Bien, bastante bien", me contestó ella, visiblemente sonrojada.

Posteriormente, bebimos y charlamos de temas triviales, hasta que de nuevo la fuerza de la luz descendió y apareció el mismo presentador, que ahora hablaba del próximo número. Pronunció dos nombres: uno blando y tercero masculino, minuto en el que nos imaginamos que era el número "fuerte" el que estábamos a punto de ver.

Apareció una mujer andando pausadamente de una forma elegante y sensual; se trataba de una mujer excesivo joven, filamento largo y pelirrojo, que me imaginé porno gratis, por sus rasgos, procedente de algún nación del este. Era guapa, más guapa que la preliminar y en absoluto basto. Tenía un hábito de cazadora y pantalón de corte masculino, que no ocultaba lo más mínimo su excelente figura. Tenía los labios gruesos y sensuales, y realizaba con ellos a menudo el gesto del besuqueo.

Apareció de inmediato un hombre joven, incluso rucio, elegante y bien parecido, traje con un prenda de marinero; el uno y el otro empezaron a moverse lenta y sensualmente. Noté que mi mujer experimentaba una ascendente impaciencia.

- "¿Te gusta el chico?", le pregunté a mi mujer.

- "¡Vaya!", fue lo único que contestó.

Corto a poco, mientras bailaban, se fueron despojando de su indumentaria: chaquetas, calzones y camisas fueron cayendo al suelo, y pronto quedaron ambos en ropa interior; ella quedó imponente con su conjunto claro de sostén y braguitas.

Mi mujer y yo estábamos hoy excesivo relajados y disfrutando del espectáculo que se nos ofrecía, seguros de que lo que estaba por venir era mucho más fuerte y estimulante.

Los actores bailaban sensualmente al ritmo de la tonalidad lenta, frente a frente y en silencio. Entonces el hombre desabrochó el corchete del sujetador de la chica y sus pechos quedaron desnudos; inmediatamente él puso sus manos sobre ellos y los empezó a sobar con descaro. Ella cerró los ojos y gimió en voz curación.

Actualmente el hombre descendió sus manos a la parte trasera de las biquini de ella y metió su mano por adentro; sobó a placer sus asentaderas con movimientos circulares amplios y un disminuido mas tarde fue descendiendo la prenda a lo largo de sus muslos y por último se agachó para liberarla de entrambos pies. La chica estaba ya totalmente desnuda, manteniendo exclusivamente en su cuerpo los zapatos de tacón y las abundantes joyas que portaba en pescuezo y muñecas.

De nuevo hubo aplausos, aclaración y murmullos de agitación. La chica se apartó un escaso de él y se agachó, colocando su boca a escasos centímetros de su falo; sus manos fueron bajando carente a poco la prenda que lo ocultaba, hasta dejarnos a la vista un glande lacio y colgante; ella lo acarició y empezó a besarlo de inmediato, provocándole una evidente erección que no dejó desabrido a ninguna mujer del público, no a la mía, que aunque tímida a veces, hoy en día estaba presa de una terrible calentura, y notaba que disfrutaba enormemente con ello.

La boca de la chica se acercaba carente dilación al falo que acariciaba, hoy de un capacidad mas que enorme -casi veinte centímetros, diría yo-, hasta rozar con sus labios la punta del bálano. Carente más retraso, se lo metió poco más o menos entero en la boca, lo que provocó un grito al unánime en las gargantas de todas las mujeres presentes.

Ahorita, ella lo chupaba y succionaba visiblemente, moviendo la cabeza de una forma obscena pero encantadora; se percibía visiblemente que el ritmo de las chupadas iba in crescendo de forma forzoso.

De inesperadamente, el hombre se retiró de ella y se cogió el miembro con la mano, masturbándose visiblemente, tardando no más de veinte segundos en correrse, emitiendo una buena cantidad de semen, que fue a desparramarse en los pechos de la preciosa mujer.

La luz se volvió a aplacar y en el momento que regresó, ahora no había nadie en el escenario. Otra vez, aplausos, risas, expresiones de admiración,… el numerito había sido realmente bueno y el público así lo reconoció con su actitud.

Volvimos a hablar y a beber pellizco más, unos chupitos que actualmente acusábamos un disminuido, sobre todo mi mujer, que hoy desinhibida, me comentaba claramente lo que acababa de ver, centrando sus tu pornotv y rubias19 explicación en el capacidad del órgano del hombre y en lo disminuido que él había tardado en correrse, todo ello descrito con palabras obscenas que mi mujer no solía utilizar normalmente, tales tal "polla", "mamada" y "chorros de leche".

Bueno, la cosa no va mal, pensé yo. De nuevo salió el showman, exponiendo lo que iba a ser el tercer y último numerito de la tenebrosidad: "el más picante", a modo definió él. Para ello, necesitaba la colaboración de alguna mujer del público. Las risas nerviosas y los comentarios soeces invadieron la estancia.

Una melodía melódica invadió el atmósfera; yo no me atrevía a mirar directamente a mi mujer a los ojos, porque pensé que si nuestras miradas se cruzaban en aquel periquete, ella tomaría conciencia de la situación y se marcharía del escenario. Y yo quería en realidad que mi mujer pasara por aquello. Pensé para mi mismo: "Tranquilízate Yolanda. Aquí no nos conoce nadie".

Se retiró uno de los chicos a un lado y el ajeno, el más atractivo, se puso a bailar con mi mujer; bailaban despaciosamente, frente a frente, bien acompasados. Con una delicadeza difícil de explicar con palabras, el chico le quitó a mi mujer la chaquetón y la depositó sobre una poltrona que había en el escenario.

Siguieron bailando mientras dos minutos más. Entonces, él se puso a sus espaldas falto parar de cabriolar, le acariciaba la cintura a mi mujer y ella no oponía resistencia alguna. En un determinado momento, las manos de él subieron inclusive el botón superior de su túnica e intento desabrocharlo. Ella con un movimiento de brazos no lo permitió, pero él le dijo pellizco al audición y volvió a intentarlo; ahora ella no se lo impidió.

Fue desabrochándole despaciosamente todos los recadero de la blusa hasta dejarla abierta por completo. Su sujetador quedó a la vista de todos los allá presentes. Las manos hábiles del chico continuaron su trabajo y se deslizaron por los hombros de ella, quitándole la túnica por completo.

- "¿Me permites?", dijo él, colocando sus manos cerca de sus pechos.

- "Adelante", dijo ella, con los ojos cerrados.

Y después de esto, puso sus manos sobre los pechos de mi mujer, acariciándolos suavemente con movimientos circulares. No solo acariciaba sus pechos, incluso sus hombros eran objeto de sus caricias.

Escaso a corto, mientras bailaban, fue deslizando los tirantes del sujetador por los hombros, dejando a la vista sus pezones, quedando instantes ulteriormente la conjunto de sus pechos a la vista de todos.

Le desabrochó el corchete trasero y tiró la prenda sobre de la mecedora, en donde se encontraba el resto de la ropa. El publico, en ese momento, aplaudió satisfecho. De nuevo se colocaron frente a frente y continuaron bailando agarrados; ella le miró a los ojos directamente, excitada por el modo en que la estaba desnudando.

- "¿Quieres desnudarte completamente?",le preguntó él, visiblemente excitado.

- "Si, claro", contestó ella decidida.

Alejada del público a unos escasos metros, Yolanda se quitó la falda con toda espontaneidad mientras me observaba. Para entonces hoy había superado toda la vergüenza que había acostumbrado al principio; la veía segura, relajada, encantada de gustar y al mismo ciclo estaba excitándose ella misma.

El chico se retiró a un lado y ella se quedó sola en el centro del escenario, siendo el centro de todas las miradas. Se volvió de espaldas y dudando unos segundos, tiró hacia debajo de sus bragas, se agachó y las sacó de entrambos pies; se incorporó de nuevo, mostrándonos las asentaderas más preciosas que pudimos ver en toda la tinieblas.

En el tiempo que se dio la vuelta, nos dejó ver su vello púbico al descubierto; era escueto y abajo de él se insinuaba perfectamente la rajita de su vulva.

El público volvió a celebrar, ahora con mucha más apasionamiento.

El diferente chico, el que no había bailado con ella, hizo su visión en el escenario y se colocó a su lado:

- "Extraordinaria; eres realmente preciosa", dijo.

- "Gracias", comentó hoy en día mi mujer, íntegramente desnuda y visiblemente emocionada.

- "¿Quieres que me desnude yo?", dijo el chico.

- "Si, por favor", contestó mi mujer.

Le ayudó a quitarse la blazer y a desabrocharle la camisola. Él tocó sus tetas y pellizcó suavemente sus pezones. Ella sonreía. Él se desvistió por completo. Su cuerpo estaba completamente moreno. Tenía un falo grueso y vibratorio, pero no se encontraba en erección.
Se abrazaron ambos y comenzaron a bailotear. El público estaba en silencio absoluto, íntegramente preocupado, disfrutando de un espectáculo carente igual. Él se dio media vuelta, y se colocó de espaldas a ella; mi mujer hoy estaba atrás de él acariciándole el pecho; fue bajando inclusive coger el verga con sus extremo y se puso a acariciarlo suavemente. Lo masturbaba muy pausadamente y todos pudimos confrontar que el miembro crecía visiblemente.

Se volvieron a colocar frente a frente y se besaron en la boca; sus bocas se fundieron en un beso largo y profundo, mientras se acariciaban sus cuerpos mutuamente. Él acarició su talle y descendió despaciosamente inclusive sus cachas. Las palpaba directamente falto recato. Pudimos constatar que tenía el falo ahorita completamente duro, apuntando hacia arriba, con el cabrito perfectamente indudable y mas hinchado que jamás.

Mi mujer fue observando su cuerpo mientras iba descendiendo inclusive adoptar la posición en cuclillas; el falo del chico quedó entonces a dos centímetros de su boca. Lo cogió con una mano. Se notaba que disfrutaba con su rigidez y su tamaño. Ella se inclinó lentamente inclusive besar la punta del glande; comenzó a pasar los labios por la tersa piel de su desmesurado bálano y en un momento dado, se metió la mitad del pene en su boca.

Comenzó a mamarlo con suavidad, moviendo rítmicamente la cabeza delante y atrás, mientras le agarraba la base del pene con fuerza. Él empujaba la cabeza de mi mujer para sí, deseando que el miembro se introdujese más al fondo de su boca, pidiéndola hoy, en dicción alta, que se la metiera más adentro. pornotube beeg keezmovies redtube xnxx pornhub pornmd tnaflix tube8 xhamster xvideos youporn

Como se trataba de un pene muy grueso, los labios de ella permanecían enteramente abiertos mientras se lo chupaba; se trataba de una imagen deliciosamente obscena, pero que a todos los presentes se nos antojaba maravillosa.
Ahorita notaba que mi mujer estaba disfrutando verdaderamente, con aquel pene totalmente erecto alojado en su boca. El chico empezó a mover su pelvis más rápido y de repente un violento orgasmo le hizo temblar; no se retiró, pero todos le sentimos correrse. Las luces se apagaron y la oscuridad total nos sacó del trance en el que todos estábamos inmersos.

A los dos minutos, se hizo la luz. El escenario estaba totalmente vacío. Casi al instante, salió al escenario un grupo de seis personas -tres hombres y tres mujeres- bailando salsa; no era un baile de corte erótico, pero si muy espectacular. En aquellos momentos me empecé a sentir mal; aunque al principio fue muy excitante, ahora parecía estar arrepintiéndome de haber empujado a mi mujer a realizar aquello. Reflexioné mucho sobre ello mientras esperaba a mi mujer.

A los diez minutos, regreso Yolanda; estaba radiante, muy guapa, guapísima. Estuvimos un rato largo sin hablar, sin que nadie dijera nada. Fue ella quien rompió el hielo:

- "¿No era eso lo que querías?", me preguntó preocupada.

- "La verdad es que si; muchas gracias mi amor; has estado estupenda", contesté, no muy convencido.

- "No me he corrido, ¿sabes?; estoy tan caliente como tú y quiero que ahora en la habitación del hotel sea especial", dijo.

Entonces ella se fue desnudando poco a poco; yo, sentado en la cama, disfrutaba del streptease que me ofrecía, pero no había contestado a mi pregunta.

Se trataba -explicaba el presentador-, de hacer un striptease por parte una mujer del público lejos presente, constantemente que no le importase ayudar y desnudarse inclusive el punto que ella deseara; es decir, si alguna mujer llegase a realizar un striptease completo, lo haría carente ninguna deber y, si no se atreviese a tanto, el público resto valoraría seguramente que se quedase al menos en prenda interior, tanto o más tanto el desnudo de las chicas profesionales con el que tanto habíamos disfrutado anteriormente.
La mujer, algo vulgar debido a sus elevadísimos tacones tipo prostituta, estaba buenísima de verás: era guapa y estilizada. Comenzó a bailar al ritmo de una música de fondo melódica; poquito a poco, se fue despojando del vestido, quedándose en ropa interior. Todos aplaudimos. Mi mujer sonreía y observaba detenidamente el espectáculo.

Antílope esos argumentos, le dije a mi mujer que llamaría al local y que preguntaría por los clientes que lo frecuentaban. Así lo hice; llamé y una dicción masculina me dijo que lo habitual es que asistieran parejas, que el espectáculo no era ni mucho menos de mal gusto y que lo que ocurría muchas veces es que había en su interior más mujeres que hombres, actualmente que a menudo era animado por grupos de despedidas de soltera.
En el momento que se desnudó, se acostó en la piltra boca arriba. Se abrió de piernas y levantó bien las rodillas, agarrándoselas con las manos. Su coño semiafeitado estaba de lo más codiciable.
- "Si, me encantó su moza; era grande y dura,… ¿era eso lo que querías saber?", dijo.
- "¿Te excitó chupársela?", volví a curiosear.
- "Si, disfruté como una puta guarra", me dijo, aproximadamente gritando.
Mi muchacha estaba a punto de reventar; me quité los greguescos y los slip en un segundo y la penetré aproximadamente salvajemente. Mientras la estaba follando, me pidió que la insultase, y eso me encantó.
A través de gritos de "puta" y " fotos guarras", me corrí en su interior; fue un culminación intensísimo; no recordación nulidad similar.
En seguida me agaché para chuparla, le comí el clítoris y la entrada de la vagina y ella se corrió de inmediato. Le subí las rodillas y abriendo sus piernas al máximo pude ver aun el precioso agujerito de su culo: me incliné para besárselo y chupárselo. Continué chupándole el coño y el culo y noté que ella volvió a correrse de nuevo, poco más o menos gritando.

Cansados los dos, caímos rendidos y dormimos profundamente.

Los días siguientes no hablamos más de lo que ocurrió durante la oscuridad del espectáculo. Los días siguientes fueron transcurriendo sobre ruedas, en lo relacionado al partes. Fuimos a unas playas nudistas, y disfrute tanto un loco en el momento que veía a mi mujer exponer desnuda, no perdiendo de vista a las demás mujeres que por lejos deambulaban.

Lo cierto es que ahora me encanta recordarlo, porque fue pellizco encantador, por lo prohibido, por lo impúdico, por observar a modo mi tímida mujer se transformó, con la ayuda del alcohol, en una verdadera fulana; que era, al fin y al cabo, lo que yo le había encargo que hiciera ver estos videos x
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Pocas opciones le quedaron hoy para negarse: aceptó a regañadientes, pero con la condición de que sí se sentía a pesadumbre en algún momento, abandonaríamos el local.
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Pervez Joarder



Joined: 22 Jul 2016
Posts: 1872

PostPosted: Fri Jul 22, 2016 5:40 am    Post subject: payday loans chula-vista Reply with quote

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shashank pathak



Joined: 03 Jan 2018
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